En una medida que ha reavivado un feroz debate en los panoramas globales de la tecnología y la política exterior, el presidente de EE. UU., Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que instruye a las agencias federales a eliminar gradualmente los términos «Artificial Intelligence» y «AI» en las comunicaciones oficiales. En su lugar, el poder ejecutivo tiene el mandato de adoptar la «Super Intelligence» y su nuevo acrónimo, «SI».

La directiva formaliza un giro político revelado inicialmente durante el discurso del presidente ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, donde argumentó que la palabra «artificial» socavaba la tecnología al hacerla sonar «falsa». La administración sostiene que los modelos de vanguardia actuales han evolucionado más allá de la simple automatización, requiriendo una etiqueta que refleje con precisión su trayectoria transformadora.

1. La estrategia de la administración: Óptica, aceleración y poder nacional
El cambio a «SI» representa más que una preferencia lingüística; forma un pilar central de la estrategia de la Casa Blanca para proyectar el dominio tecnológico estadounidense en el escenario mundial.

El giro ideológico: Al rechazar la etiqueta «artificial», la administración busca enfatizar la utilidad ilimitada y el potencial económico de las tecnologías emergentes, argumentando que los modelos actuales mejoran activamente la capacidad humana en lugar de simplemente simularla.

Consenso público a través de las redes sociales: Antes de la orden oficial, el presidente Trump encuestó a sus seguidores en su plataforma Truth Social, ofreciendo opciones como «superior», «extrema» y «supreme intelligence» («inteligencia suprema»), surgiendo finalmente «super intelligence» como la ganadora.

Integración estructural: Para institucionalizar la visión, la Casa Blanca anunció la creación de una «Fuerza de Super Intelligence» dedicada. El grupo de trabajo de política estará encabezado por el director de Inteligencia Nacional, Jay Clayton, encargado de coordinar la política federal para mantener el liderazgo de EE. UU. sobre los principales rivales globales.

Iniciativas políticas: La orden ejecutiva se basa en hitos anteriores de la Casa Blanca, incluida la publicación del Plan de Acción de IA de EE. UU. y más de 5 mil millones de dólares destinados al Proyecto Genesis (Genesis Mission), una iniciativa nacional destinada a desplegar superinteligencia en la ciencia, la medicina y la fabricación.

2. Escepticismo académico: La creciente brecha entre el bombo publicitario y la realidad técnica
Mientras que la administración enmarca la nueva terminología como un reflejo del rápido progreso, informáticos, éticos y expertos en políticas han expresado fuertes reservas, advirtiendo que el cambio de marca confunde las capacidades actuales con desarrollos futuros hipotéticos.

Confundir las herramientas de hoy con los conceptos de mañana: En los círculos técnicos y académicos, la superinteligencia —un concepto popularizado hace más de una década por el filósofo Nick Bostrom— describe específicamente una inteligencia de máquina teórica que supera ampliamente la capacidad cognitiva humana en todos los dominios. Los expertos enfatizan que los modelos estrechos actuales siguen estando lejos de este umbral.

Exageración y confusión: Investigadores de la Universidad de Melbourne y de la Universidad Nacional de Singapur advirtieron que usar «SI» para describir las herramientas generativas actuales tergiversa sus límites reales. Advierten que la etiqueta infla artificialmente el bombo publicitario, complica los marcos de gobernanza internacional y podría aumentar innecesariamente la ansiedad pública con respecto a los riesgos de seguridad.

3. División de la industria y reacciones geopolíticas
La respuesta internacional y nacional al mandato de cambio de marca de Washington ha puesto de relieve profundas líneas de falla políticas e industriales entre varios actores:

Partidarios de la industria: Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, respaldó la medida, afirmando en X que la superinteligencia presenta una oportunidad extraordinaria para avanzar en el descubrimiento, la productividad y la salud en toda la economía.

Aliados de la administración: El director de tecnología de EE. UU., Ethan Klein, y el embajador ante la ONU, Michael Waltz, adoptaron rápidamente el cambio, enmarcarlo como una declaración audaz y necesaria del liderazgo global estadounidense.

Oposición nacional: Gavin Newsom, gobernador de California, rechazó enérgicamente el mandato y ordenó a las agencias estatales de California retener «AI». Newsom criticó la medida como una distracción política diseñada para enmascarar el fracaso en abordar los riesgos críticos de seguridad.

Líderes tecnológicos y fricción: Elon Musk se equivocó brevemente al usar el antiguo término junto al presidente Trump antes de corregirse («SI, discúlpenme»). El incidente subraya la incómoda transición a la que se enfrentan los ejecutivos tecnológicos que anteriormente abogaban por frenar el desarrollo de modelos por encima de las preocupaciones de seguridad.

Reacción internacional: Pekín ha abordado el cambio con cautela diplomática. El Ministerio de Asuntos Exteriores de China declaró que «respeta» la decisión de Washington, pero confirmó que Pekín se apegará al término estándar «artificial intelligence». Los analistas ven el cambio como una preferencia idiosincrásica que tiene poco peso en la política científica internacional más amplia.

Resumen de las ideas principales
Control de la narrativa estratégica: La transición a «SI» está diseñada para alinear la retórica federal con una expansión tecnológica agresiva y desregulada, posicionando a EE. UU. para superar a China en una carrera tecnológica sin restricciones.

Desconexión tecnológica: La comunidad académica sigue firmemente opuesta al uso de «superintelligence» para los sistemas existentes, manteniendo que la IA actual carece de las capacidades generalizadas y de superación propia que el término implica técnicamente.

Divergencia institucional: Las divisiones políticas internas (como la negativa de California a adoptar la terminología) y la indiferencia internacional indican que, si bien «SI» definirá la política federal ejecutiva, es probable que la industria global en general se mantenga con «AI».